Gozos de San Benito

(Contenidos en la Novena de San Benito. Edición de 1.936).

Benito, de tus devotos
fiel y amante protector,
ven, y lleva nuestros votos
hasta el trono del Señor.

 

  1. Salve ¡Oh preclaro Benito!
    Brillante sol de Casino,
    cuyo fulgor peregrino
    todo el orbe iluminó
    Salve, egregio Patriarca
    de los monjes de Occidente!
    Salve, estrella refulgente
    de la célica mansión!

 

  1. De noble estirpe nacido,
    ya de la ciencia anheloso,
    a Roma vas presuroso
    como a foco de saber:
    pero Dios, que complacido
    en ti sus ojos fijara,
    otro lugar te prepara
    donde vayas a aprender.

 

  1. Por eso dejas familia
    y placeres seductores
    y pasajeros honores,
    y a Cristo buscando vas;
    y en la cueva de Subiaco
    a retirar te convida
    donde comiences la vida
    que el cielo te ha de ganar.

 

  1. Mirando tu santa vida,
    el enemigo envidioso
    mueve sus artes mañoso
    con una vil tentación;
    pero tú, muy confiado
    en los divinos favores,
    entre espinas los furores
    burlas del fiero dragón.

 

  1. Marchas de aquí perseguido
    ¡OH Benito! hasta Casino,
    do te reserva el destino
    una misión sin igual;
    pues tu vista allí, tendiendo,
    ves mil bárbaras naciones
    que gimen en las prisiones
    del enemigo infernal.

 

  1. Ardiendo de santo celo,
    con tu código divino
    abres un nuevo camino
    a numerosa legión,
    que cual rápido torrente
    se desborda, avasallando
    por doquier, y predicando
    de Cristo la religión.

 

  1. Con la cruz yendo a su frente,
    rindes a aquellas naciones
    que Roma con sus legiones
    nunca pudo dominar;
    y aquellas incultas gentes,
    cual leones, antes, fieros,
    vienen cual mansos corderos
    su cerviz a presentar.

 

  1. Tus virtudes eminentes
    prueban milagros sin cuento,
    y no se da un elemento
    que te pueda resistir:
    Mauro camina en las aguas
    cual por suelo resistente;
    ordenas, y clara fuente
    ves de la roca salir.

 

  1. Rompes con la cruz la copa
    que veneno encierra y muerte;
    al niño yerto e inerte
    vida muy pronto le das.
    Recobra el ciego la vista,
    la salud el moribundo,
    y a tu conjuro, del mundo
    huye al infierno Satán.

 

  1. De la muerte a los umbrales
    y al oratorio llevado,
    de tus hijos rodeado
    no tardas en expirar;
    pero ven que tu alma pura
    por una luciente vía
    resplandeciente subía
    del alto cielo a gozar.

 

  1. ¡OH Padre, Padre amoroso!…
    Haz que tus pasos siguiendo
    y tus mandatos cumpliendo
    en el valle del dolor,
    ese camino, tomemos
    que te llevó luminoso
    a ese puerto venturo sol
    de la gloria y del amor.

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