Patrimonio Etnográfico

El conjunto de exvotos que atesora San Benito constituye uno de los de mayor relevancia cualitativa y cuantitativa a nivel autonómico y nacional (centrados en el área catalano-levantina y Extramadura, además de Andalucía). (“En la ermita de San Benito de Castilblanco de los Arroyos, donde se conserva uno de los conjuntos más importantes de toda Andalucía por su cantidad, variedad y estado de conservación”, p. 85 Rodríguez Becerra, Salvador; Vázquez Soto, José Mª: Exvotos de Andalucía. Milagros y promesas en la religiosidad popular, Argantonio, Sevilla, 1980) El santuario los posee en su vertiente pictórica, reproducciones de miembros de metal, objetos personales, textos… pero, sin duda, son los primeros los que revisten un extraordinario interés etnográfico e histórico, al tiempo que reflejan la entidad del catolicismo popular. Su valor se extiende más allá de lo religioso, ofreciendo un conocimiento inestimable en campos que van desde la ideología a la cultura material reflejando la evolución histórica desde comienzos del s. XIX a la rigurosa actualidad, desde los accidentes causados por la tracción animal a los causados por la tracción a motor (interiores de viviendas, mobiliario, urbanismo, fiestas…). De este modo, los exvotos se erigen en cronistas de las vicisitudes del pueblo, siempre marginado en los registros documentales, de ahí su incalculable valor como fuente para conocer una cultura popular y rural sometida a inmensas lagunas de conocimiento.

Cifrado en un número de ciento setenta y cinco muestras de pintura votiva, el conjunto, sito en el denominado “Cuarto de los milagros”, una sala adosada a la nave de la ermita, retrotrae su ejemplar más antiguo a 1846. El grueso del conjunto sigue la tipología de “exvotos narrativos”, esto es, aquellos que ofrecen una descripción del suceso milagroso, la cual suele colocarse en la parte inferior y, excepcionalmente, en cartelas. Las leyendas están redactadas en un lenguaje impersonal (“estando”, “encontrándose”, “hallándose”) con sintaxis no siempre clara y vocabulario popular, y fórmulas estereotipadas en el tratamiento del santo. Los datos que aparecen son: nombre y apellidos del sujeto; narración sucinta de las circunstancias del hecho, introducidas con la forma reflexiva y en gerundio de los verbos antes reseñados; referencia a la persona que dirige la petición, figurando sus nombres y grado de parentesco; la fecha; el nombre de San Benito; la fórmula imprecatoria, con un predominio total del verbo “encomendar”; y la formulación de favor, en términos como “sanó”, “salió sin lesión”, seguida de expresiones como “milagrosamente”… Las dos motivaciones que llevan a ofrecer un exvoto son la enfermedad, en una amplia gama, y los accidentes, constitutivos de un rico acerbo de las actividades humanas de una determinada época. Los rasgos pictóricos se encuentran presididos por un carácter “naif”, en tanto en cuanto el exvoto se concibe como una pequeña obra de creatividad nacida de la improvisación y llena de carencias artísticas, con un presupuesto pobre y una medida entre 0,20 y 0,40, y caracterizada por un dibujo marcado de trazos gruesos, ausencia del dominio de la perspectiva y tratamiento colorista.

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