Programa Niños Bielorrusos

Yuri Bandajevski (Bielorrusia, 1957) ha pasado cinco años en las cárceles de su país. Primero, en una celda de aislamiento en la que dormía en el suelo; luego, hacinado en un calabozo con otros 150 reclusos. Pero no es un asesino, ni un ladrón. Es científico. El delito de Bandajevski, ex director del Instituto de Medicina de Gomel, fue denunciar la gestión oficial del accidente en la central nuclear de Chernóbil, en la frontera entre Bielorrusia y Ucrania. En 2001, quince años después de la catástrofe, fue condenado a prisión por un Consejo Militar, acusado de aceptar sobornos de estudiantes. Sin embargo, él siempre ha negado los cargos, y tanto el Parlamento Europeo como Amnistía Internacional le consideraron preso de conciencia. Bandajevski, tras una breve estancia en Francia, anuncia la creación de un centro de investigación en Lituania, lejos de su perseguidor, el dictador bielorruso Aleksandr Lukashenko, pero cerca del fatídico lugar que le obsesiona: Chernóbil”.

En estas circunstancia políticas, la Hermandad Matriz de San Benito Abad decidió hace años comprometerse con el Programa de Acogida Temporal de Niños Bielorrusos. Durante todo este tiempo hemos ido conociendo de cerca la situación socioeconómica del país, con viajes por parte de los coordinadores, el contacto directo con las familias de los menores acogidos a través de las familias guardadoras… Sabíamos a qué país ayudábamos y con qué gobierno teníamos que luchar para que la acogida fuese posible año tras año.

Cada 26 de abril se cumple el aniversario de la catástrofe de Chernobyl, que supera ya las dos décadas, y desde hace ya hace varios años nuestra Hermandad se hace eco de ese grito de socorro que lanzó al mundo la  Sociedad de Pediatras Bielorrusos, advirtiendo incluso que, si no se toman las medidas oportunas, ese país de nombre blanco tendrá un futuro incierto y una casi segura extinción.

Trabajar en un proyecto de tal envergadura ha sido apasionante para la Junta de Gobierno de esta Hermandad. Cuando todo empezó, la sensación de miedo e incertidumbre estaba presente constantemente: el objetivo era traer a menores de un país que se encuentra a 4.000 kilómetros y alargar su esperanza de vida buscando familias que los acogiesen durante poco más de cuarenta días, recaudando además los fondos necesarios para sufragar todos los gastos.

Las piezas del puzzle empezaron a encajar cuando el 25 de junio de 2005 sobre las diez de la noche los pequeños empezaron a bajar de un avión cuyo destino era la VIDA. Bolsas cargadas de ilusión y de regalos para las familias acogedoras, risas nerviosas y alguna lágrima de impotencia… Quizás lo que más deseaban era estar con sus padres biológicos en ese momento.

Pero todo contrastó con la euforia de la partida. Por fin vieron a sus padres de nuevo y por fin pudieron contarles la experiencia de haber vivido en el seno de unas familias que los han tratado como a hijos y que en un pueblo al Sur de España, lleno de sol y de azul, se escuchó ese grito de auxilio y abrió sus puertas a la esperanza. Los pequeños bielorrusos encontraron en Castilblanco de los Arroyos y en San Benito Abad esa segunda oportunidad que todos merecemos.

Todo esto no habría sido posible sin la colaboración de muchas personas a las que desde aquí agradecemos profundamente la ayuda desinteresada y su labor callada durante todos estos años. Pedimos a Dios por la intercesión de San Benito que os colme de bendiciones y os dé salud para que sigáis siendo obreros del reino. Gracias por contribuir a conseguir la felicidad de estos niños.

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